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Maria Elvira Sánchez Vilariño - Doctoralia.es

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¿Cuál es el origen de los hábitos alimentarios sanos?

Viernes, 26 June 2015 08:00 Publicado en Blog

Sabemos que la transmisión de los hábitos alimentarios no se lleva en los genes, o por la vía biológica sino que se hace a través de la tradición.

Seguir una dieta sana y equilibrada, rica en verduras y en ácidos grasos no es un invento moderno. Los humanos hace 400.000 años ya se cuidaban e intentaba procurarse una alimentación variada que incluyera no sólo carne, sino también plantas, frutos secos y semillas.

Hay muchas razones para pensar que los primeros homínidos vivían en un bosque lluvioso, que se alimentaban preferentemente de fruta madura y que, para conseguirla trepaban a los árboles. Tenían una dentición totalmente diferente a la de los actuales chimpancés y cabe pensar que su alimentación también fuera otra (o al menos en parte). Esta diferencia la encontramos en los molares, que son más grandes y con esmalte más grueso.

Esta diferenciación en el tamaño de muelas la podemos atribuir al cambio  de dieta. Ya que tenían que  masticar una cantidad mayor de alimento. ¿Qué tipo de alimentos nuevos incorporaron? Por un lado los granos secos, semillas duras, órganos subterráneos de las plantas que son muy nutritivos porque es donde se almacenan las sustancias de reserva: bulbos, tubérculos, rizomas y raíces  engrosadas.

Todo ello lo ratifica un reciente estudio, publicado en Quaternary International que ha analizado muestras de placas dentales de tres homínidos que vivieron en el Paleolítico Inferior en la Cueva de Qesem, en Israel, y ha hallado microfósiles de restos de comida.

“Sabíamos que estos antepasados nuestros debían ingerir plantas, pero hasta el momento no habíamos sido capaces de encontrar restos para demostrarlo. De ahí la importancia de nuestro hallazgo”, afirma Karen Hardy, investigadora Icre en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), quien ha liderado el estudio, financiado en parte por un proyecto del Plan Nacional de I+D, del Ministerio de Economía y Competitividad, en colaboración con expertos de la Universidad de York y de Tel Aviv.

Los cálculos dentales, es decir el sarro, suelen actuar como una especie de almacén de aquello que ingerimos y también que inhalamos. De ahí que cuando los investigadores tomaron micromuestras de las piezas dentales y las sometieron a análisis ópticos y químicos, encontraran moléculas fósiles que mantenían la huella química de algunos alimentos. Eso les permitió identificar restos de gránulos de almidón, presentes en los hidratos de carbono, así como moléculas procedentes de algún tipo de fruto seco o semilla; y también fibras de plantas.

“Es la primera muestra directa de que los homínidos del Paleolítico Inferior comían plantas. Nuestros resultados sugieren que eran conscientes de que tenían que llevar una alimentación variada para poder prosperar y vivir bien. Así, ingerían componentes esenciales para la salud, como ácidos grasos poliinsaturados, que sólo se consiguen a través de las plantas. Seguramente, tenían un amplio conocimiento sobre la ecología local”, añade Hardy. Este hallazgo contrasta con la idea extendida de que estos individuos eran sobre todo cazadores y que su dieta se basaba en el consumo de carne.

Las marcas halladas en la superficie de los dientes sugieren que usaban la boca casi como una tercera mano, sujetando cosas para manipularlas o masticando algunas materias primas. Incluso mantenían cierta higiene bucal usando objetos como si fueran palillos de dientes.

Ran Barkai, profesor investigador de la Universidad de Tel Aviv y coautor del estudio, explica que “como nunca antes se habían estudiado cálculos dentales de esta antigüedad, teníamos muy pocas expectativas de encontrar nada”. Para Hardy, la clave está en el hecho de que la cueva quedara sellada hace 200.000 años, lo que seguramente permitió unas condiciones muy estables que han garantizado la preservación de los dientes. “Es un hallazgo sumamente excepcional, no hay ningún descubrimiento similar de este período”, destaca Barkai.

Además de restos de alimentos, los investigadores también encontraron en la placa dental moléculas procedentes de humo inhalado. De hecho, la Cueva de Qesem, en Israel, contiene la evidencia más antigua del uso humano deliberado de fuego y se sabe que en el interior de la cueva tenían grandes hogares de fuego. También han identificado esporas de hongos, seguramente procedentes del interior de la cueva, que los autores del estudio creen que podrían ser irritantes, y polen de pino.

“Esto resultados representan un avance significativo para conocer mejor las vidas y los retos que afrontaban nuestros ancestros en el Paleolítico Inferior y ofrece una perspectiva fascinante de su conocimiento ecológico y sus capacidades tecnológicas”, concluye Hardy

http://www.lavanguardia.com/ciencia/20150619/54432925999/humanos-paleolitico-inferior-alimentacion-plantas.html#ixzz3damTIFUU 

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